Fisioterapia deportiva

Dolor de rodilla al correr, por qué aparece y cuándo ir al fisio

Es una de las consultas que más vemos en la clínica. Empiezas a correr con ganas, subes kilómetros, te apuntas a una carrera popular y un día la rodilla empieza a avisar. Primero solo al final, luego desde el kilómetro tres, y al final también al bajar escaleras.

Por Matías Fernández Yagües, fisioterapeuta y osteópata16 de octubre de 20263 min de lectura
Corredor por un camino de tierra al amanecer, con la rodilla en primer plano

La buena noticia es que casi siempre tiene solución sin dejar de correr del todo. La mala es que, si se ignora, lo que era una molestia de dos semanas se convierte en una lesión de meses.

Las tres causas más habituales

Síndrome femoropatelar, la "rodilla del corredor"

Duele por delante, alrededor o detrás de la rótula. Suele empeorar al bajar cuestas o escaleras, al ponerte en cuclillas y después de estar mucho rato sentado con las rodillas dobladas. Detrás suele haber un aumento brusco de carga, poca fuerza en cadera y cuádriceps o una forma de pisar que sobrecarga la articulación.

Tendinopatía rotuliana

El dolor está justo debajo de la rótula, en el tendón. Es típico que moleste al empezar a correr, mejore cuando entras en calor y vuelva con más fuerza al enfriarte. Aparece mucho en quien combina carrera con saltos, cambios de ritmo o series.

Síndrome de la cintilla iliotibial

Duele por la parte de fuera de la rodilla y suele aparecer siempre a la misma distancia, por ejemplo a partir del kilómetro cinco, y obliga a parar. Las bajadas largas y correr siempre por el mismo lado de una carretera inclinada lo empeoran.

Cuándo conviene parar y que te veamos

Hay molestias que se resuelven ajustando el entrenamiento. Pero hay señales que indican que algo más está pasando y que merece la pena valorarlo cuanto antes.

  • La rodilla se hincha o notas calor después de correr.
  • Sientes que se bloquea, que falla o que "se va".
  • El dolor no baja después de dos o tres semanas reduciendo carga.
  • Te duele también en reposo o por la noche.
  • Cojeas al día siguiente.

Si además hubo un golpe, un giro o un chasquido, no esperes. Puede haber afectación de menisco o de ligamento y hay que verlo antes de seguir.

Qué puedes hacer mientras tanto

Parar en seco no suele ser la mejor idea, porque el tendón y el cartílago necesitan carga para adaptarse. Lo que funciona es bajar el volumen hasta un punto en el que la molestia no pase de un 3 sobre 10 y no empeore al día siguiente.

  • Reduce kilómetros y deja las series y las cuestas unas semanas.
  • Corre por superficies llanas y alterna el sentido si vas por carretera.
  • Haz trabajo de fuerza de cuádriceps, glúteo medio y gemelo dos o tres días por semana.
  • Revisa las zapatillas, a partir de 700 u 800 kilómetros la amortiguación ya no es la misma.

Qué hacemos en la clínica

Lo primero es saber qué estructura está dando el problema. En la primera visita te exploramos, vemos cómo te mueves y cómo cargas la pierna, y cuando hace falta miramos el tendón con ecografía en la misma consulta. Así no tratamos a ciegas.

Con eso montamos el plan. Según el caso combinamos terapia manual, electrólisis percutánea para el tendón rotuliano, punción seca si hay puntos gatillo en cuádriceps o cintilla, ondas de choque en tendinopatías que llevan tiempo y, siempre, un programa de ejercicio para que la rodilla aguante lo que le pides.

La última fase es la vuelta a correr. Te damos un plan progresivo, con kilómetros y ritmos, para que no vuelvas a empezar de cero en un mes.